¿Cómo empezó todo?
Buena pregunta, pero ni yo misma te lo sabría responder, cuando quise
darme cuenta, ya era tarde, y él ya
estaba en mi vida. De repente habíamos escapado, ¿Escapado? Si, de la rutina,
de las costumbres y de los horarios. Ahí estábamos los dos, poniendo rumbo a
ninguna parte, porque tanto el destino como la dirección eran lo de menos. Nada
nos detenía, bueno salvo los semáforos y las gasolineras, donde parábamos a
coger fuerzas, para seguir en nuestro viaje sin destino. A veces tenía miedo, pero no te decía nada, tan solo te miraba, y
tú me abrazabas, mientras me prometías que todo iba a salir bien, entonces me
tranquilizaba, porque pasará lo que pasará, sabía que ibas a estar a mi lado. A veces eras tú el que no podía con todo, y yo
era la que te abrazaba y te recordaba que juntos, éramos invencibles. Y así
seguimos, sin rumbo por la vida, buscando la manera de que nada nos separe, de
estar juntos, de acortar las distancias, de vivir nuestra historia sin que
nadie se entrometa. ¿Y sabes qué? No me arrepiento.